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15 de junio de 2017

La momia (2017)

La desidia hecha película

Nos dirigimos sin ambición a las salas de cine. No hay ninguna película en cartelera que nos llame la atención, así que tras las tradicionales pullas entre un grupo de cuatro tarugos, hicimos criba y nos quedamos con dos películas. Estábamos entre El caso Sloane, con buena crítica pero potente, de más de dos horas de duración, y La momia, con una nota pésima por la crítica pero una buena acepción entre el público. Y se ve que el miércoles no era día reflexivo: la acepción tarugos nos venía como anillo al dedo, porque nos quedamos con La momia.

Ya nos esperábamos una película de acción y aventuras del estilo de sus anteriores entregas, en las que era Brendan Fraser el que interpretaba al intrépido amago de Indiana Jones como protagonista, y no un recauchutado Tom Cruise que empieza a oler a rancio. Lo que no nos esperábamos era pasarnos la hora y media larga que dura la película sorteando sinsentidos y chanzas arcaicas, intentando levantar un guión que a duras penas se mantiene unido.

Los personajes, con una presentación pobre y sin evolución aparente a lo largo del film, se quedan en el tópico y no van más allá. Da la sensación de que la historia se escribió sin ganas y sin pretensiones, y nos deja un enlace de escenas de acción y efectos especiales que no innovan, que ya hemos visto en entregas anteriores o en películas del mismo género. Toca un poco las narices volver a ver la escena de la tormenta de arena con la cara de la antagonista en ella. ¿De verdad no se les ocurre nada mejor? ¿A esto está condenado el cine de acción? ¿Esta patraña les ha costado 125 millones de dólares? ¿En serio?

La verdad es que cuesta sacarle valores positivos al celuloide, pero siendo justos diremos que los efectos especiales son los que se espera de una producción de Universal Pictures. La caracterización de Sofia Boutella, la actriz que interpreta a Ahmanet, es muy elaborado, tanto el vestuario como el maquillaje, y crea un conjunto que en todas las etapas de su desarrollo va dejándonos claro en qué estado de salud y poder se encuentra. También se agradece un poco de frescura en las localizaciones, dejando de lado el antiguo Egipto para pasar a la húmeda Gran Bretaña.

Finalmente, y en esto no tiene culpa la película, queremos sacarle tarjeta amarilla a las salas de cine donde fuimos a verla. Queremos pensar que la climatización de la sala de cine debía estar estropeada. Más de uno salió con goterones de sudor en el rostro, incluso alguno de los nuestros estuvo a punto de iniciar un stripteasse para no sufrir un golpe de calor. Eso es algo que, con el precio de las entradas actuales y los palos que recibe últimamente el sector, una empresa del calibre de Yelmo Cines no se puede permitir.



Una película pobre, que se hace repetitiva y sin ganas. Estamos convencidos de que a la masa le puede entretener, pero para los que necesitamos un poco más y tenemos el corazón ligado al cine, se queda corta. Muy corta.







A pesar de estar enterrada en una tumba en lo más profundo del desierto, una antigua princesa (Sofia Boutella) cuyo destino le fue arrebatado injustamente, se despierta en la época actual, trayendo consigo una maldición que ha crecido hasta límites insospechados con el paso de miles de años.




19 de mayo de 2017

Fast & Furious 8 (2017)

Esto no es a todo gas

Ayer fui al cine y hoy repito con algo totalmente diferente. Esta vez toca desconectar la cabeza, sentarse en la butaca, abrir la Coca-Cola, comerse a puñados las palomitas, exigir lo mínimo y buscar solo una cosa: entretenerse durante más de dos horas. Porque hoy toca A todo gas 8. Pensaréis: ¿lo ha conseguido? Tengo que reconocer que en parte sí, aunque también me ha dejado algo frío. No sé si he visto una de acción, o de superhéroes, o de espías, o una comedia... Lo que sí que tengo claro es que esto ha degenerado de tal manera que ya no es lo que era. Me explico.

Empecemos con el guión. Es inconexo y entrecortado aposta, pobre en contenido, un mero trámite para su desmesurada acción: escenas largas, en distintas localizaciones, repletas de explosiones, golpes y destrucción,  más parecidas a videoclips que a una película convencional. En estos momentos la película es excesiva, increíble a veces para mal. Nos intentan vender novedosas imágenes de acción, que algunas chirrían más que los coches que vemos en pantalla. Aquí vale todo, lo mismo controlo desde un ordenador todos los coches de Nueva York, que desvío un proyectil con el cuerpo o vuelo con unas alas de metal. ¿Pero detrás de todo esto qué hay? Pues una falta de ideas descomunal. Sinceramente no hay nada; la historia de siempre, mal contada y peor desarrollada, no tiene intención de avanzar y no cuenta nada nuevo, siendo otro capítulo más en esta larga saga. Y para rematar ni siquiera uno de los más entonados, porque esto ya no es A todo gas. No tiene nada que ver. ¿Coches? Sí, hay coches, pero son una mera excusa, no me extrañaría que en próximas entregas nuestros protagonistas vayan en naves espaciales o tengan poderes especiales... aunque, ¿quién dice que ya no los tengan?

Del reparto no puedo decir nada malo porque es un reparto brutal. Tiene más de una veintena de caras conocidas, un grupo de amigos que sin esfuerzo se juntan para recoger unos duros y de paso pasar un buen rato. Están todos bastante correctos. No me ha gustado que metan un personaje nuevo para intentar suplir el vacío dejado por Brian, el protagonista de las anteriores entregas interpretado por Paul Walker, que perdió la vida en un fatídico accidente de tráfico. La verdad es que se le echa muchísimo en falta durante toda la cinta.

Para acabar con la producción, solo se pueden decir cosas positivas. Es lo más notorio de la cinta, en lo que demuestra todo su poderío. Unas localizaciones seleccionadas con detenimiento, una puesta en escena abrumadora, con unos efectos especiales que sólo productos como éste pueden dar y una banda sonora saturada de los hits más actuales.



Película entretenida, repleta de acción pero falta de guión. Exagerada e incoherente desde su primera escena. Que si es verdad que no se le puede pedir mucho en su desarrollo, una historia mejor pensada la convertiría en un producto mucho más atractivo. Se deja ver, aunque no está entre las mejores entregas, denota cansancio y pierde gran parte de su esencia.






Con Dom y Letty de luna de miel, Brian y Mia fuera del juego y el resto de la pandilla exonerada de todo cargo, el equipo está instalado en una vida aparentemente normal. Pero cuando una misteriosa mujer (Charlize Theron) seduce a Dom (Vin Diesel) para regresar nuevamente al mundo del crimen, se ve incapaz de rechazar la oportunidad, traicionando así a todo el mundo cercano a él. A partir de ese momento todos se enfrentarán a pruebas como nunca antes habían tenido. Desde las costas de Cuba y las calles de Nueva York hasta las llanuras del mar de Barents en el océano Ártico, nuestra fuerza de élite recorrerá el globo para impedir que un anarquista desencadene el caos en el mundo... y por supuesto para traer de vuelta a casa al hombre que les hizo una familia




16 de mayo de 2017

La Gran Muralla (2016)

Un cuento chino

Miedo, esa es la sensación que tenía antes de ponerme a ver esta película. Es que la combinación de esta cinta es la bomba: a un lugar emblemático como es la muralla china le sumamos un ejército de chinos con el bueno de Matt Damon a la cabeza de todos ellos defendiéndose del ataque de hordas de lagartos gigantes procedentes del espacio. Ufff... imaginaros. Y todo esto acompañado de unas críticas pésimas, por supuesto. Lleno de un valor resignado le di al Play.

Es curioso que este circo esté dirigido por uno de los mejores directores del cine oriental, Zhang Yimou, que firmó películas como las notables Hero y La casa de las dagas voladoras. Esta vez  mete la pata hasta el fondo arriesgándose con uno de los productos más estrafalarios y, sin duda, más desastroso de su carrera.

Y es que aquí poco se salva de la hoguera. La historia, escrita en su totalidad  por guionistas de Hollywood, es pobrísima, chirría por todos los costados. Está mal narrada pero es que hacerlo bien hubiese sido complicado, es absurda y con un desarrollo infantiloide, hasta el punto de llegar a la vergüenza ajena. Los enemigos, los bichos verdes, son excesivamente básicos y tópicos, no le han echado ni una pizca de imaginación. En resumidas cuentas, un desastre absoluto. Me ha costado seguirla, parándola para descansar en varias ocasiones porque mi cerebro no asimilaba correctamente semejante festival de chorradas. Esta película debería  advertir que puede llegar a ser perjudicial para la salud del espectador.

Los personaje no son nada carismáticos, con unos diálogos acartonados y unas actuaciones poco logradas. Matt Damon, capaz de lo mejor y de lo peor, se debería de avergonzar al ver su trabajo.

Un punto a favor se lo daré a su producción, que es fantástica. Los escenarios, decorados y maquillaje son del más alto nivel, y vienen acompañados de un derroche de efectos digitales y de una banda sonora épica.



Lo que es malo es malo, no merece que le déis más vueltas.  Estúpida y ridícula hasta decir basta. Pésima en todo menos en su factura técnica. El gran desafío es llegar a terminar de verla.






China, siglo XV. Un mercenario inglés (Matt Damon) y otro español (Pedro Pascal) son testigos del misterio que rodea a la construcción de la Gran Muralla China; ambos descubrirán que no se construyó para mantener alejados a los mongoles, sino para algo más peligroso: la mítica muralla ha sido edificada para detener la llegada de monstruos devoradores de carne humana.




11 de mayo de 2017

Guardianes de la Galaxia Vol. 2 (2017)

Excesiva 

Corría el año 2014 cuando James Gunn, director de corta trayectoria, se arriesgó en taquilla con Guardianes de la Galaxia. Siendo otro producto de Marvel Studios, esta película era distópica, con personajes poco conocidos, un humor ácido y un estilo muy peculiar... Resultó todo un éxito tanto para la crítica como para el publico. Su irreverente frescura la distanció de las otras películas de superhéroes y consiguió destacar dentro de un genero ya sobreexplotado.

Hoy os traigo la crítica de su secuela, que ayer a regañadientes entré al cine a ver. Os preguntaréis que por qué con pocas ganas. Como ya he dicho en otras ocasiones las películas de superhéroes me parece que son más videojuegos que películas, se me hacen aburridas y monótonas porque me parecen todas iguales y habiendo visto gran cantidad de ellas es un género que despacho rápido si hay alguna otra opción. Pero ayer la cartelera era bastante pobre, los colegas querían ver ésta y la primera me gustó, así que me resigné.

La película continúa con las aventuras galácticas de este equipo tan peculiar y quiero empezar señalando que esta cinta es excesiva en todo menos en una cosa: su guión. Es como la primera, sigue trasmitiendo ese buen rollo, está repleta de chistes (alguno demasiado facilón...), es muy colorida y rebosa pura acción durante toda ella. En su contra diré que aunque se agradece que dé más de lo mismo que su predecesora ya no sorprende.

La historia es lo más pobre del conjunto aunque no resulta demasiado evidente puesto que está perfectamente adornada con un envoltorio fabuloso. La trama principal es muy básica y carece de complejidad. Parece que han sacado la idea de la libreta de oficio de guionista: malo malísimo que quiere acabar con el mundo y los buenos que han de frenarle. Y ya está. Además, y para agravar esta carencia, esta película padece de un mal muy extendido últimamente en el género: una duración excesiva. Lo bueno si breve, dos veces bueno.

En cuanto al reparto merecen más ser destacados los personajes secundarios que el supuesto protagonista de la cinta. En esta ocasión Chris Pratt se encuentra más soso mientras que las mejores interpretaciones se deben a otros actores como el gigantón Dave Bautista, que proyecta una obtusa sinceridad que fue lo que más me hizo reir.

Todo lo relacionado con la producción es sin duda lo más remarcable. Los escenarios resultan vivaces y coloridos, belleza en estado puro, lo que se complementa con un maquillaje sobresaliente que hace que la fantasía aparente realidad. Los efectos digitales son abundantes y abrumadores, pata negra.

Por último quiero destacar la banda sonora, tratada como un personaje más dentro de la película y que posee un nivel altísimo.


Guardianes de la Galaxia 2 recoge el espíritu de su primera parte. Continúa siendo graciosa y desenfadada, mantiene ese tono simpáticamente granuja, como ese aprendiz de macarra de buen corazón al que todos conocemos y que no podemos más que apreciar. Y lo bueno no se acaba en el interior, sino que además es un producto de una exquisita factura técnica. La fotografía es hermosa y los efectos digitales, omnipresentes, son de una calidad desacostumbrada. Por sacar un demérito podría argüirse que peca de colorida y abigarrada, pero aún así sigue siendo un deleite visual. La mayor pega que le he encontrado a la película es su duración, 140 minutos, excesiva para la sencilla trama que desarrolla. Si hubiese rondado por abajo las dos horas hubiese sido perfecta. En cualquier caso, si lo que buscas es entretenimiento sin mayor trascendencia con Guardianes de la Galaxia 2 no te vas a equivocar. Muy recomendable.



Si os gustó la primera, esta no os va a defraudar, un producto muy solido, divertido, entretenido y disfrutable, como punto negativo, peca de ser un pelín larga y repetitiva.






Continúan las aventuras del equipo en su travesía por los confines del cosmos. Los Guardianes deberán luchar para mantener unida a su nueva familia mientras intentan resolver el misterio de los verdaderos orígenes de Peter Quill. Viejos rivales se convertirán en nuevos aliados, y queridos personajes de los cómics clásicos acudirán en ayuda de nuestros héroes a medida que el universo cinematográfico de Marvel continúa expandiéndose.




8 de mayo de 2017

Resident Evil: Capítulo final (2017)

Vale ya, por favor. 

Hace ya 15 años que se estrenó su primera película, no siendo buena. Como adaptación era un insulto para los seguidores del videojuego pero hay que reconocer que era un digno entretenimiento. Eso fue todo. Cada entrega sucesiva ha sido de peor calidad, convirtiéndose en una de las peores sagas que se han hecho. Y su capítulo final no iba ser menos: lineal, monótono, incluso molesto de ver; resumiendo, un auténtico bodrio.

Esta sexta parte no comienza donde lo dejó su antecesora. En realidad, inicia donde le da real gana. Alice despierta entre las ruinas de lo que una vez fue Washington y se encuentra con Alicia (el ordenador central de Umbrella, que tiene forma de niña) que le dice que hay un antídoto en la base de Umbrella para acabar con el virus.  Esa es toda su premisa. En este punto uno piensa: "venga hombre, ¿me habeis hecho tragar cantidad de basura para que a estas alturas se os ocurra este cierre? Haberme ahorrado tal sufrimiento''.

El visionado de esta cinta me ha desesperado por lo pesada que se me ha hecho. En su comienzo he llegado a dudar si estaba viendo una comedia ya que ha habido algún momento de tal cutrez que hasta me ha sacado una sonrisa. Pero lo que no entiendo es cómo es posible que esto  se estrenara en una sala de cine.  El guión, si es que se puede decir que lo haya puesto que la película no tiene intención de contar nada, es deleznable: no tiene ritmo, ni se toma tiempo en desarrollar  los personajes, ni aspira a levantar alguna sensación al espectador. Se llama Resident Evil como se podría llamar Dragones y mazmorras, porque los zombies son lo de menos; cualquier cosa que se me ocurra la pongo en pantalla y ala, a ostiarse. Todo esto hace notoria una falta de  respeto enorme hacia el espectador. Todo es una sucesión de escenas de acción sin sentido, repetitivas y para nada disfrutables, lo que convierte la película en un trayecto odioso. Parece más bien un trailer de 105 minutos que una película. Bueno, perdón, hay trailers que cuentan más cosas que esta cinta. También hay que mencionar su desenlace. Hacía cantidad de tiempo que no veía tal despropósito. La conclusión es irrisoria y vergonzosa, más propia de un niño de preescolar que de un profesional que se dedica a escribir y al que le pagan por ello, que es lo que tendrían que haber hecho con nosotros por ver semejante mierda.

Turno de Milla Jovovich, actriz que se dio a conocer en El quinto elemento más por su exótica belleza que por sus dotes de interpretación. Su carrera ha tenido un desarrollo descendente. Es más, tiene que agracer mucho al papel protagonista en esta saga. Sin él es posible que ya ni nos acordásemos de su nombre. En esta ocasión realiza un papel inexpresivo, con todos los roles que ha tomado su personaje. Nunca ha sabido enfocar el carácter distintivo entre uno y otro, y en esta entrega hay que añadir además que los años pesan, notándose que ya no está para estos trotes.

La producción es pésima. La fotografía es fea, oscura y de tono ocre. La acción es un abuso de efectos especiales de calidad dudosa y coreografías mal grabadas a una velocidad mareante, con un tembleque continuo. A todo ello hay que sumarle un sonido desproporcionado, irritante y molesto por ruidoso.





PÉSIMA. La peor película que he visto en lo que va de año.  Puede que te llame la atención verla si has visto las anteriores, pero no es un "final" a la altura. Lo único que vas hacer es tirar tu tiempo a la basura. NADA RECOMENDABLE.








La humanidad está agonizando tras la traición sufrida por Alice a manos de Wesker. Alice deberá regresar a donde la comenzó la pesadilla -Raccoon City-, ya que allí la Corporación Umbrella está reuniendo fuerzas antes de un último ataque a los últimos supervivientes del apocalipsis. En una carrera contra el tiempo, Alice tendrá que unir fuerzas con viejos amigos y con un inesperado aliado en una batalla contra hordas de zombis y nuevos monstruos mutantes. Será la aventura más difícil de Alice para salvar a la humanidad, que está al borde de la extinción.




5 de mayo de 2017

Ghost in the Shell (2017)

Esta no es una película de superhéroes

Anoche fue un día de fiesta. La redacción al completo fuimos al cine. Los tres juntos de la mano para disfrutar de una buena película. Cual cowboys galopando hacia el amanecer nos plantamos delante de la cartelera para pensar qué película podría resultar más interesante. Tras enjuagarnos la boca con el mejor de los coñacs, ajustarnos el monóculo y atusarnos el sombrero de copa, nos decidimos por la nueva película de Rupert Sanders y protagonizada por Scarlett Johansson.

Dejando de lado la parafernalia literaria, íbamos con bastante flojera respecto a este metraje. Como una tollina de padre nos la veíamos venir, y teníamos la ligera sensación de que no nos íbamos a plantar frente a la película que revolucionará los Óscars en 2018. Pero bueno, ya sabéis que vemos de todo y que lo que nos gusta es el cine, en general, así que sacamos las entradas y accedimos a la sala. Por supuesto, como buen jueves fuera de la "Fiesta del cine" estábamos 4 gatos sentados esperando a la proyección.

Antes de que empezara ya habíamos hecho los deberes. La película es una versión filmada de un anime que, como no podía ser de otra manera, proviene de un manga. Algunos ya nos habíamos visto la serie y sus OVAS hace ya unos cuantos años, y otros un poco in extremis unas horas antes, así que ya sabíamos a lo que veníamos. Cabe decir que esta saga, este universo, es en el que se inspiraron las ahora Hermanas Wachowski para la creación de la saga Matrix. Una vez situados, vamos al tema.

La película tiene un guión muy visto: el cyborg que busca su identidad y que, tras sufrir una de crisis de identidad llega a un checkpoint que puede dar lugar a secuelas. Pero que nadie se desaliente desde el principio. El ambiente futurista, totalmente cyberpunk, los personajes extraídos de la saga, que a pesar de estar poco desarrollados en la película mantienen en su esencia, y la estética general, hacen que nos interesemos más y más por este nuevo mundo, por este futuro distópico que se nos va presentando poco a poco.

En el apartado técnico, los efectos especiales son espectaculares y han sabido llevar a la gran pantalla un tema que, a la hora de adaptar dibujos japoneses, en ocasiones se queda flojo. Y es el detalle, los primeros planos y el posicionamiento de cámara respecto al resto de películas de acción, que le dan el toque futurista que la película pedía a gritos.

Y ya que tratamos el tema de la acción, cabe destacar que tampoco es que tenga unas escenas de acción espectaculares, y que para más inri en ocasiones pecan de ser lentas y predecibles. Pero parece que se han querido centrar en el trasfondo del mundo del futuro que se nos presenta y dejar de lado los tiros y las patadas para la sobrecarga de películas de superhéroes y sus secuelas que se pueden ver hoy en día en cartelera. Destacar las escenas de hackeo, que dejan de lado el elemento digital y se centran en el humano, representando físicamente las consecuencias digitales. Espléndido.

En cuanto al casting, destacamos la aparición del mítico Takeshi Kitano como Arakami/Beat, que a sus más de 70 años sigue repartiendo estopa en el momento menos esperado. Johansson cumple la función en su papel de Mayor, a pesar de que más de uno pensemos que un personaje asiático hubiera encajado más en este papel. Pero de haber sido así probablemente ni podríamos haber visto esta película en una sala de cine ni estaríamos haciendo esta crítica. Bienvenidos a Hollywood.





Una película de acción futurista que, a pesar de no ser de las más desatacadas de su género, puede satisfacer paladares exigentes. Recomendable el visionado de la saga en la que se basa, no tiene desperdicio.


Difícil adaptación, con un resultado más que decente. Es cierto que la conclusión del anime la desvelan desde su primera escena, pero estamos hablando de un blockbuster para el consumo de masas y el guión tiene que ser accesible desde un principio. Tampoco estamos ya en 1995, es una idea muy sobada y el resultado final no sería sorprendente a estas alturas. Habla un servidor que se ha visto el anime unas horas antes. Lo más positivo: su ambientación cuidada y rica en todo tipo de detalles, bebe mucho del clásico Blade Runner, pero es un añadido a la original que le queda como anillo al dedo. La acción es potente y excelentemente ejecutada aunque diré que pierde esencia el omitir la sangre, pero claro, a cuanta más gente llegue más bolsa hago. Como aspecto negativo tendré que decir que el guión lo componen varias tramas, mal estructuradas; en mi opinión con una sola hubiera valido. Esto no quiere decir que la película acabe siendo mala, es más, se la recomiendo a todo amante de la ciencia ficción. Sin demasiada expectativa se deja ver muy bien.
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Me he quedado sorprendido con esta película. Pensaba que iba a ser un nuevo jalón en esa ya larga cadena de apropiación por parte del mainstream de un producto minoritario al que, tras vaciarle de contenido y ponerle una flamante carcasa exterior, exhiben sin ningún pudor en pases para todos los públicos. Y algo de eso hay, ojo. Pero el resultado hay que reconocer que es bastante espectacular. La estética y ambientación están muy cuidadas, logrando sumergir al espectador en ese mundo masificado, de apariencia digital y en el que los implantes cibernéticos se encuentran a la orden del día. La caracterización de los personajes también es sobresaliente, así como el impacto visual de las contadas escenas de acción que hay. Lo que me impide darle mejor puntuación tiene más que ver con lo que no está, con esa mutilación de la esencia original de la que hablaba. Y es que en esta adaptación la búsqueda e implicaciones de la autoconsciencia por parte de un ente cibernético acaba transfigurada en una tópica y anodina historieta de amor y pérdida. No vaya a ser que hacer pensar al personal no resulte igual de beneficioso para las cuentas de Dreamworks.





En un japón futurista la joven Motoko Kusanagi (Scarlett Johansson), también conocida como 'the Major' Mira Killian, es la líder de grupo operativo de élite, Sección 9, cuyo objetivo es luchar contra el ciberterrorismo y los crímenes tecnológicos. Al mando de esta unidad de operaciones encubiertas está Aramaki (Takeshi Kitano), y destaca Batou (Pilou Asbæk), un exmilitar considerado como uno de los agentes más salvajes del grupo. Pero, después de un peligrosa misión, el cuerpo de Kusanagi queda dañado, siendo sometida a una operación quirúrgica para trasplantar su cerebro en un cuerpo robótico. Este nuevo cuerpo artificial le permitirá ser capaz de realizar hazañas sobrehumanas especialmente requeridas para su trabajo... Basada en la aclamada saga homónima de ciencia ficción.




4 de mayo de 2017

Comancheria (2016)

Western moderno

Domingo después de ver una primera película, me dispongo a ver otra con desconfianza por mi anterior mala elección. Opto por una que tiene una pésima traducción a nuestro idioma, Comanchería, cuando su título original, Hell or hight water, resulta mucho más acertado para lo que estamos a punto de ver.

El mercado de Hollywood tiene un objetivo claro: aumentar las ganancias con películas atractivas pero de dudosa calidad para el consumo en masa. Pero no nos olvidemos que también es una ventana que proyecta la reflexión, la queja, la protesta y el pensamiento de una sociedad que mantiene una constante dinámica de auto-crítica. Caso del que me encuentro hoy hablando. Pequeñas joyitas de cine independiente que golpean al espectador con una historia de la vida cotidiana norteamericana, con un gran contenido de critica social, abordando temas como la situación de las razas minoritarias, el blanqueo de dinero, la libertad de posesión de armas o, de manera muy destacada últimamente, el sistema financiero de EEUU y la banca que oprime a las clases bajas para salvarse a si misma de su propia y pésima gestión.

Esta película no está hecha para todo tipo de paladares. Aquel que busque un producto de acción lleno de atracos y persecuciones que se abstenga, puesto que es posible que la califique de tostón inmerecidamente. Pero los que buscan contenido con una carga de reflexión pueden encontrar aquí su película. La trama es sencilla pero rica en matices, una vuelta de tuerca al western clásico en la que las diligencias son sustituidas por todo-terrenos. Película de atracadores de bancos y un sheriff que les quiere dar caza pero con una profundidad humana digna del mejor cine. Aquí no importa si el bueno es el más bueno o el malo es el más malo, ya que aquí lo que importa es el desarrollo de los personajes. Una historia triste pero real que hará temblar hasta al más duro de corazón porque esta cinta es un gran puzzle en el que todas las piezas encajan. Los encuadres potencian la narración y los diálogos dan riqueza a los personajes, incluso los silencios refuerzan el sello poético de la cinta. Además, con su incitación a la reflexión moral tras su visionado aporta multiplicidad de lecturas.

El reparto no podía ser menos que el resto de la producción, con una pareja protagonista, Chris Pine y Ben Foster, simplemente irreconocibles. Alcanzan una cota de gran madurez, con actuaciones contenidas pero siempre elocuentes, capaces de provocar empatía y solidaridad incluso en los momentos más salvajes. Una mención especial se merece el ya veterano Jeff Bridges, el cual merecidamente fue nominado al Oscar al Mejor actor secundario por este papel.
En el apartado técnico tampoco encontramos sorpresas. La fotografía es de gran belleza, capturando polvorientos escenarios de la Texas más profunda. La acción es limitada, por lo que los efectos especiales son escasos aunque de calidad, y en su realismo contribuyen a hacer sobrecogedoras algunas escenas. La banda sonora de Nick Cave y Warren Ellis también se adpata como un guante a lo que estamos viendo.



Estamos ante una de las mejores películas del año pasado, un tipo de producto añorado por su excasez en nuestro cine más inmediato. Me siento obligado a recomendar este tipo de trabajos, por ser cine con mayúsculas y tener cantidad de carga moral y social.






Toby (Chris Pine), un joven padre divorciado, y su impulsivo hermano Tanner (Ben Foster), un ex presidiario recién salido de la cárcel, se dirigen al Oeste de Texas para realizar una serie de robos en unas pocas sucursales bancarias. El objetivo de Toby es intentar poder conseguir el dinero suficiente como para poder salvar la granja familiar, que está en peligro. Nada más cometer el primer robo, un veterano Ranger de Texas (Jeff Bridges) y su compañero irán tras la pista de los hermanos. 



3 de mayo de 2017

Drive (2011)

La picadura del escorpión

Paradojas que le ocurren de vez en cuando a uno, buscando entretenimiento este fin de semana he acabado cargándome de deberes. Los responsables de este aparente sinsentido han sido Nicolas Winding Refn y su excelente Drive. Una vez superada la impresión que me dejó verla me puse a buscar qué más había hecho este realizador danés. Si alguno de sus trabajos previos tiene la mitad del estilo que derrocha esta crónica noctámbula de conductores y gangsters, habrá merecido la pena el esfuerzo.

Y es que si algo caracteriza por encima de todo a Drive es precisamente eso, el estilo. Desde sus créditos iniciales, con el título estampado en una grafía y un color que recuerdan a un neón kitsch propio del Malibú de los 70, y mientras comienza a envolvernos una banda sonora etérea, intuimos que nos vamos a encontrar con algo más que un pasatiempo sin mayor pretensión. Para cuando ha pasado la primera escena, un atraco y su consiguiente huida que constituyen el perfecto ejemplo de lo que quiere decir pulso narrativo, ya se te ha olvidado lo que estabas pensando y sólo quieres seguir mirando la pantalla.

Winding Refn nos sumerge sin miramientos en un descarnado relato nocturno basado en una novela de James Sallis poblada de perdedores y peligros. Un Los Ángeles en el que los sueños tan sólo sirven para recordar el ingenuo pasado en el que aún se pensaba en tener una vida feliz. Un mundo en el que la única sujeción que resta es el mantenimiento de un código de conducta y en el que la inocencia y la belleza son dones tan escasos que merece la pena morir y matar para protegerlos.

La trama, por lo demás, es bien sencilla. El protagonista (Ryan Gosling), del que ni siquiera conocemos el nombre, es un especialista de Hollywood que alterna su trabajo con conducir para bandas de atracadores. Es un personaje impenetrable, duro y solitario. Sin embargo, su vida se tambaleará cuando conozca y se enamore de su vecina Irene (Carey Mulligan). Para ayudarla se verá implicado en un enfrentamiento con mafiosos locales.

Pero en esta ocasión no se trata tanto de qué nos cuenta sino de cómo lo hace. La película tiene un efecto casi hipnótico, con una gran carga lírica en la fotografía y montaje, alternando escenas de bella sensibilidad con brotes súbitos de violencia extrema. Winding Refn consigue levantar un universo visual que a pesar de resultar perturbador no quieres abandonar. Y eso, en esta época de blockbusters prediseñados y superhéroes en mallas ajustadas, es un mérito muy a tener en cuenta.

A crear esa atmósfera que envuelve todo el film colabora de manera decisiva el reparto. Empezando por un magnífico Ryan Gosling que, sin apenas decir más que cuatro o cinco frases, consigue transmitir todo el aislamiento que embarga a su personaje siendo creíble además en su acerada determinación. Carey Mulligan también ofrece una magnífica interpretación, convirtiéndose en la personificación de la belleza y la inocencia desamparadas, una flor que comienza a marchitarse por la espera y la soledad. Bryan Cranston encarna a Shannon, un pobre perdedor entrañable que constituye el único vínculo humano que se le conoce al protagonista, y consigue dotar al personaje de un patetismo muy humano. Como antagonistas nos encontramos con Albert Brooks y Ron Perlman en la piel de dos cabecillas criminales. Ambos realizan muy buen trabajo, plasmando Perlman una imágen más macarra y chulesca frente a la contención y el frío cálculo que inspira Brooks.

Mención aparte requiere la magnífica banda sonora, que corre a cargo de Cliff Martínez, reconocido batería que además de haber formado parte de bandas tan conocidas como los Red Hot Chili Peppers, ha realizado otros trabajos de calidad para directores como Steven Soderbergh en Sexo, mentiras y cintas de video o Solaris.



Una pequeña obra de arte dotada de una belleza visual y un pulso narrativo poco corrientes. Podría ser la obra cumbre a la que aspiraría hacer más de un buen director. No te la pierdas.




Durante el día, Driver (Ryan Gosling) trabaja en un taller y es conductor especialista de cine, pero, algunas noches de forma esporádica, trabaja como chófer para delincuentes. Shannon (Brian Cranston), su jefe, que conoce bien su talento al volante, le busca directores de cine y televisión o criminales que necesiten al mejor conductor para sus fugas, llevándose la correspondiente comisión. Pero el mundo de Driver cambia el día en que conoce a Irene (Carey Mulligan), una guapa vecina que tiene un hijo pequeño y a su marido en la cárcel.




28 de abril de 2017

El Asedio de Jadotville (2016)

Una batalla con armas de juguete

Esta película irlandesa, distribuida por Netflix, es el primer proyecto cinematográfico de Richie Smith, conocido director de anuncios publicitarios y videos musicales (U2, Bon Jovi). Sin embargo, no podemos hablar de una destacable opera prima, ya que su inexperiencia es notable y la cinta se tambalea en muchos puntos.

Lo primero que nos tiene que contar este tipo de cine es una historia atractiva y emotiva, y aquí ya comienza fallando. Aunque nos presenta a un contingente militar irlandés de la ONU enviado al Congo a defender una zona de vital importancia estratégica para verse rápidamente sitiados por un gran número de soldados congoleños, no nos desprendemos en ningún momento de la sensación de estar ante algo que ya nos han contado cientos de veces. Y aunque se base en hechos reales no consigue dotar de entidad lo que ocurre en la pantalla como para que sea una gesta digna de una película.

Estamos ante un producto de presupuesto considerable y tiene muchísima acción, que es prescisamente donde mejor se siente la cinta. La pregunta que me queda es ¿a dónde llega con un producto que se nota con pretensiones y respaldado con un buen surtido de medios? Pueslamentablemente se queda bien corta: la batalla parece rodada en el patio de un colegio, con una coreografía deficiente, imágenes cutres y escasa intensidad dramática. A ello hay que añadirle un planteamiento maniqueo que se plasma hasta en la capacidad militar de los personajes: frente a los 150 soldados "buenos", excelentes militares y dotados de una capacidad de resistencia sobrehumana, se enfrentan a una horda de 3000 "malos" que tan sólo figuran para sufrir bajas y que van equipados con armas de juguete.

El guión brilla por su ausencia. La batalla es mil veces anunciada y cuando parece que van a iniciarse las hostilidades los congoleños se van a merendar y vuelta a empezar. Y eso que ya he dicho que es en las partes de acción donde mejor fluye la película, porque cuando nos muestra la trama política nos damos cuenta de lo convencional que es, con diálogos estereotipados y ningún elemento de tensión. Y forzadamente tengo que hablar de su conclusión. Después de lo visto durante la película el final resulta ser un corte poco sutil y en modo alguno épico. Que aunque el resultado que quieran plasmar sea éste está realizado de manera tan deficiente que te hace pensar: ¿por qué 120 minutos de duración si podía haber terminado igualmente en 20?

La impresión que deja el reparto tampoco es que sea mucho más positiva. Destaca la presencia de Mark Strong, que pese a no realizar su mejor interpretación, con frases escasas y un peluquín irrisorio, siempre sube la nota de este tipo de productos. En un plano negativo resalta Jamie Dorman, el actor de 50 sombras de Gray, que al igual que en otros trabajosprevios, no consigue convencer gracias a su notoria inexpresividad.

Para acabar con el tema de la producción, los efectos especiales son mínimos y bastante flojos. De la banda sonora ni guardo recuerdo de ella. Hay que mencionar también el doblaje nefasto de Netflix y una puesta en escena desconcertante y de escaso nivel.




Película poco recomendable, llena de altibajos y carente de emocion. Eligiendo al azar dentro del género bélico posiblemente veréis algo mejor.






Año 1961, en el Congo. Jadotville cuenta la verdadera historia del comandante Patrick Quinlan y su batallón de 150 soldados irlandeses de la ONU, sitiados por 3.000 soldados congoleños bajo el mando de mercenarios franceses y belgas que trabajaban para empresas mineras.