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11 de junio de 2017

Moonlight (2016)

¿La mejor película del año? 

Hoy ha llegado el momento de analizar la ganadora del Oscar a la mejor película de este año, Moonlight. Un mérito discutido por el malicioso rumor de que recibió el premio por una confusión en el momento de desvelar el nombre de la ganadora, que debería haber sido su competidora La La Land. A pesar de la escasa promoción que se le ha dado en nuestro país a esta cinta, y con una puntuación de 6'9 a día de hoy en Filmaffinity, me lancé animado a por ella. Después de verla, ¿se merece el galardón a la mejor película más prestigioso que se le puede dar a una película? Mi rotunda respuesta es: NO.

Me puse a verla sin saber exáctamente de qué iba. Me imaginaba que retrataría la desigualdad étnica, la exclusión, la vida en los suburbios... Y abarca todos estos temas, pero lo hace solo de pasada, como el contexto en el que desarrollar otros como el bullying o la homosexualidad. Siendo un soplo de aire fresco dentro del cine generalista tampoco  arriasga en demasía. Aunque haya gustado a los críticos de Hollywood, a la gente de a pie puede dejarle un poco indiferente.

No quiero decir para nada que el film sea malo, en absoluto. Nos cuenta con gran habilidad tres etapas diferentes de la vida de nuestro protagonista. La primera parte es la más interesante.  El papel de Mahershala Ali, por el que recibió el Oscar a mejor actor de reparto, es inmenso. Es una pena que no aparezca más, la película se resiente de ello. Los diálogos están bien escritos y tienen una enorme fuerza. También alcanza niveles líricos con un buen empleo de la banda sonora en planos cortos. Pero en sí la película nunca arranca, se llega hacer pesada en su tramo final y al salir los títulos de crédito te preguntas: ¿ya? No fastidies, ¿tanto para esto? Si me hubiesen dado dos horas más, dos horas más que hubiese visto. Consigue reflejar la realidad, la ausencia de un guión que te diga qué va a ocurrir mañana.

La producción es correcta, es una cinta de presupuesto contenido grabada con cámara en mano para lograr más realismo. Aunque consigue su objetivo al principio es algo mareante. La música y la puesta en escena alcanzan el más alto nivel.



No es la mejor película que he visto este año. Puede ser aburrida y puede espantar al que llegue buscando otra cosa. A pesar de ello es una buena historia intimista, sutil y muy emotiva. No gustará a todos los paladares pero es cine social del bueno.








Chiron es un chico afroamericano que crece en uno de los barrios más conflictivos y violentos de Miami. Desde su infancia, pasando por la adolescencia, hasta llegar a su etapa adulta, Chiron lucha por encontrar su lugar en el mundo, en un ambiente donde la violencia no da tregua. A medida que pasan los años, el joven vive una constante e intensa lucha interna, para descubrirse a sí mismo. Además de sufrir un constante acoso escolar, el fantasma de la homosexualidad se hace presente en la vida de Chiron. En su camino explorará la masculinidad, la sexualidad y tendrá que hacer frente a los conflictos de su desestructurada familia.




21 de abril de 2017

Captain Fantastic (2016)

Nadie puede escapar de la fuerza del caudal

Le tengo cariño a Viggo Mortensen. Desde su papel en la trilogía de El Señor de los Anillos, en el que su nombre se estableció en mi cabeza, a Una historia de violencia, siempre ha tenido ese toque interpretativo que me gusta. Actor muy polifacético, que puede bordar desde el papel de ruso mafioso en Promesas del Este hasta el del bravo espadachín Don Diego de Alatriste, siempre le da esa pincelada de color a cada personaje que hace suyo. Y en Captain Fantastic no iba a ser menos.

Como padre de una prole que recuerda al reality de DMax, Mi familia vive en Alaska, pero en guapos, tiene que enfrentarse a un giro en la aparente tranquilidad de su vida para confrontar algo que, a la mayoría de los seres vivientes, tarde o temprano nos llega. El problema reside en que, además de no ser una familia con un modus vivendi común, tampoco tiene una forma de ver las cosas dentro de la normalidad.

Y es este el mayor de sus problemas: la salida de la normalidad. El hecho de querer escapar del fuerte cauce del río que es la sociedad capitalista actual, optando por una forma diferente de pensar y de educar a sus hijos e hijas, hace que a cada paso que dan en el metraje no te esperes demasiado por dónde van a salir. Esta mezcla de road-movie, drama social y comedia, hace que uno no sepa muy bien si le gustaría seguir la forma de vida de esta familia o no, y deja una serie de preguntas rondando por la cabeza del espectador más atento. Quizás sea este el motivo por el que no se comiera un colín en los Óscars de 2017.

La película entretiene, tiene una trama muy bien planificada y un desarrollo excelente que impiden que se haga larga. Al ser una película independiente cuenta con esa libertad que hace que la historia y su contenido puedan desarrollarse de una forma más libre, en lo que a estándares en el cine norteamericano se refiere. Hay que reconocer la labor de los más jóvenes del film, que a más de uno nos han dado una buena sorpresa. Y ese ser arrogante, irritante y a la par lleno de ternura que es Ben, interpretado por Mortensen, que no dejará frío a nadie en la sala.

El título de la película es algo que no queda del todo claro al terminar su visionado. ¿Por qué Captain Fantastic (Capitán Fantástico)? ¿De dónde se saca el director esta nomenclatura? Parece ser que su director, Matt Ross, quería jugar un poco con la ingente cantidad de películas de super héroes que hay hoy en día en cartelera para hacernos ver que, en la vida real, no todos los héroes tienen por qué llevar capa.



Una pequeña joya que nos regala el cine norteamericano muy de vez en cuando. Si eres de los que les gusta destripar una película en compañía tras su visionado, no te la puedes perder. Da de qué hablar.






Ben es un hombre que ha pasado diez años viviendo en los remotos bosques situados en el noroeste de los Estados Unidos criando a sus seis hijos. Sin embargo, las circunstancias hacen que tal peculiar familia deba abandonar su modo de vida en la naturaleza y volver a la civilización. Asimilar su nueva situación y adaptarse de nuevo a la sociedad moderna no les va a resultar nada sencillo.





3 de abril de 2017

Whiplash (2014)

El camino hasta tus sueños no tiene baldosas amarillas

Tarde de domingo es sinónimo de tarde de cine. Según en qué estado te deje el fin de semana, tiras por un género o por otro. Incluso te puedes quedar con una de esas comedias románticas alemanas que suelen programar en televisión (por favor, no). Pero decides tirar de buen cine, y no te dejas amedrentar. Coges una de esas que tienes en el tintero desde hace tiempo, y te quedas con Whiplash.

Ya de por si atractiva para un amante de la música, es fácil empatizar con el jóven Neiman (Miles Teller), estudiante de música de primer año con un sueño: convertirse en el mejor. Hasta aquí todo bien, todo correcto: película de manual. Supérate a ti mismo, vence tus miedos, conviértete en el mejor. Hasta que añadimos el factor Fletcher.

Y es que el señor Fletcher, interpretado por J. K. Simmons, es el que hace de Whiplash lo que es: una película que atrapa absolutamente al espectador hasta el glorioso momento final de la película. De hecho, tras los títulos de crédito un servidor no tiene demasiado claro si odia o alaba al profesor de música. Porque menudo pedazo de hijo de puta sin escrúpulos... o ¿no?

El metraje no se hace aburrido en ningún momento, y cualquiera puede llevárselo a su ámbito, tanto profesional como privado. Qué dejamos atrás para conseguir unos objetivos, cuál es nuestra meta final,... Todo ello regado por grandes clásicos del jazz como Caravan de Duke Elington o, la que da nombre al film, Whiplash, de Hank Levy.

Además, la película causó controversia entre las escuelas de música a lo largo del mundo. En algunas escenas se da a entender que si no eres tan bueno como Charlie Parker no merece la pena ser músico, o que si estudias música (sustituye música por otra profesión "de segunda") la gente no te tomará en serio. Y este es el motivo por el que la película hace que, incluso el espectador más distraído, pueda escuchar la moraleja contenida en el trasfondo. Aunque sea un susurro lejano arrastrado por el viento.



Una historia simple, de manual, con una ejecución brillante y una increíble interpretación, que hace que el debut de Chazelle no se pueda pasar por alto.








El objetivo de Andrew Neiman (Miles Teller), un joven y ambicioso baterista de jazz, es triunfar en el elitista Conservatorio de Música de la Costa Este. Marcado por el fracaso de la carrera literaria de su padre, Andrew alberga sueños de grandeza. Terence Fletcher (J.K. Simmons), un profesor conocido tanto por su talento como por sus rigurosos métodos de enseñanza, dirige el mejor conjunto de jazz del Conservatorio. Cuando Fletcher elige a Andrew para formar parte del grupo, la vida del joven cambiará.