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6 de junio de 2017

Pride (2014)

Cuando una película se convierte en absolutamente necesaria

Es tarde de domingo después de un fin de semana duro y no hay muchas ganas de hacer nada. Gruesas gotas resbalan por el cristal del balcón y, a pesar de que quizás el estado anímico no acompañe, nos proponemos una de peli y manta. Recuerdo que nos recomendaron una hace tiempo, una de esas que pasan desapercibidas pero que se consideran joyas. Un tesoro enterrado, sin X que marque el lugar, sin mapas que guíen hasta ella, nada más que un par de comentarios de taberna de mala muerte que nos guían a ciegas hasta nuestro destino. Abrimos el armario y, sin dobles sentidos, sacamos Pride y la metemos en nuestro reproductor.

Sólo con el nombre nos podemos imaginar el tema global de la película, y también por qué es uno de esos tesoros enterrados, que no salen demasiado a la luz. Hay ciertos temas que al cine internacional, a 2017, no le siguen sentando demasiado bien, y de los que solo dejan pequeñas pinceladas en personajes muy secundarios. Pero en ocasiones surgen películas como Pride, para dejarnos a todos claro que el buen cine existe, y que pasa por dejar de lado el mainstream y lanzarse a la piscina con los brazos abiertos. El mérito de esta película reside en que está rodada sin tapujos y con un guión sólido, sin giros incoherentes y muy bien narrado, que hace que el espectador empatice con los personajes.

Su director, Matthew Warchus, reúne un casting con mucho salero que marida de forma excepcional y extrae de unos personajes aparentemente simplones y de manual una unión y una retroalimentación mutua que conforma el alma del filme. La obra es la segunda película del director, 16 años después de la primera, pero no caigamos en el error de pensar que estamos ante un autor novato: esos más de tres lustros se los ha pasado dirigiendo y produciendo musicales a caballo entre Broadway y el West End londinense, y eso se nota en la película y en su banda sonora.

La película nos lleva por todo el abanico de sensaciones en cada una de sus escenas, pero no simplemente por cómo está montada, sino porque se centra en unos hechos que realmente sucedieron y con personajes de carne y hueso, excepcionalmente llevados a la pantalla. Pasamos de la carcajada al miedo, de la ternura a la emoción, de la alegría a la tristeza en un metraje que no deja espacio para el bostezo. A día de hoy, y con la situación que vivimos, emociona pensar que hace tiempo cuando un colectivo reclamaba un derecho, la opción más difícil, pero la más justa, era la que se tomaba. Esta película homenajea a sus personajes, a los que recordaremos de la misma forma con la que ellos demandaban lo que por derecho era suyo: con valor, fuerza y orgullo.



Una genialidad, un soplo de aire fresco que sabe combinar drama, comedia y emoción a partes iguales. Una lección hecha cine de la que, como sociedad, más nos valdría tomar nota.







En el verano de 1984, siendo primera ministra Margaret Thatcher, el Sindicato Nacional de Mineros convoca una huelga. Durante la manifestación del Orgullo Gay en Londres, un grupo de lesbianas y gays se dedica a recaudar fondos para ayudar a las familias de los trabajadores, pero el sindicato no acepta el dinero. El grupo decide entonces ponerse en contacto directo con los mineros y van a un pueblecito del sur de Gales. Empieza así la curiosa historia de dos comunidades totalmente diferentes que se unen por una causa común.




26 de mayo de 2017

Zootrópolis (2016)

Cuando unos dibujos animados te ponen en tu sitio

Cuando te vienen a visitar las sobrinas tienes que tener un par de películas en el tintero por lo que pueda pasar. La mejor forma de terminar un día de pinturillas, plastilina y escondite es una película, y si puede ser interesante para los adultos, mejor. Así que me hice con un par de pelis para niños que la crítica alababa y, a pesar de que ellas escogieron Trolls, me quedé con el gusanillo de ver Zootrópolis. Dejando de lado que mi señora cayó en los brazos de Morfeo a medio filme, a mi me mantuvo maravillado con cada escena hasta el final de la película.

Y no es que las escenas de acción o los gráficos en 3D estuvieran muy depurados o bien animados, que también. Zootrópolis, como toda película para niños, termina con una moraleja, pero en este caso es una lección a voces que más de un adulto necesita. Tenemos que recordar que esta película se llevó el Óscar a la mejor película de animación, y sigue la línea de las películas de Disney que le precedieron: Rompe Ralph, Frozen y Big Hero 6.

El guión se centra en una historia de una coneja con grandes aspiraciones que hará todo lo posible por seguir su sueño. Vale, predecible en una película de Disney, e incluso tiene las clásicas escenas enternecedoras que se esperan de su marca. Pero le pega una vuelta a mitad de película que llega a sorprender a mayores y pequeños, que hace que el guión no cojee en toda su extensión y que te mantenga pegado a la pantalla hasta el final de la película. Es encantador ver cómo Disney le da pié a sus protagonistas, y sorprende observar la evolución de los mismos a lo largo del filme.

Los personajes son todos mamíferos, pero es tal el trabajo de diseño que tienen que se puede diferenciar  sin problemas uno de otro, a pesar de pertenecer a la misma especie. Además, la película es sumamente detallista, con detalles que incluso pasan fugaces por pantalla. No os perdáis a la cantante con aspecto de Shakira (a la que cede su voz) y cuerpo de gacela que en el filme han llamado "Gazelle", haciendo un símil nominal con la cantante Adele, o a la lista de éxitos que tiene la protagonista en su iPaws (iPod), y que van apareciendo a lo largo de la película. No tienen desperdicio.

Una de las lecciones de la película son los prejuicios y los tópicos atribuídos a personas por su aspecto físico o racial. Además, el tema del racismo es perfectamente tratado y explicado con símiles a los niños, con escenas críticas a la par que hilarantes. Sin duda, una forma ideal de educar y entretener que la factoría Disney ha ido depurando a lo largo de muchas películas. Atrás quedaron películas como Hermano oso, Chicken Little o Zafarrancho en el rancho, muy inferiores al nivel de esta compañía internacional; el cine infantil ha vuelto, y esta vez es para quedarse.



Es hilarante, es divertida y es educativa. Un producto hecho con muchas horas de trabajo y grandes cantidades de cariño que ha dejado un resultado excelente.







La moderna metrópoli mamífera de Zootrópolis es una ciudad absolutamente única. Está compuesta de barrios con diferentes hábitats como la lujosa Sahara Square y la gélida Tundratown. Es un crisol donde los animales de cada entorno conviven, un lugar donde no importa lo que seas. De hecho puedes ser cualquier cosa, desde un elefante enorme hasta la musaraña más diminuta. Pero cuando llega la optimista agente Judy Hopps, descubre que ser la primera conejita de un cuerpo policial compuesto de animales duros y enormes no es nada fácil. Pero está decidida a demostrar su valía y se mete de cabeza en un caso, a pesar de que eso significa trabajar con Nick Wilde, un zorro parlanchín y estafador, para resolver el misterio.




27 de marzo de 2017

Redención (Tyrannosaur) (2011)

El camino de la ira

Redención es la ópera prima del actor Paddy Considine, basada en su primer y único corto: Dog Altogether de 2007. Esta dura película nos hace descender al infierno personal de dos individuos que sufren el dolor de una pérdida y nos muestra los lazos que se establecen entre ellos, el modo en que congenian y la manera de cada uno de ellos para encontrar su redención a base de apoyarse en el otro.

Estamos ante una historia de violencia y angustia, que destaca por el empleo de una imágen sucia, directa y sumamente realista. Ésto queda patente desde la primera escena, con una secuencia de violencia extrema y brutal. El gran mérito de esta cinta es que, llegando al final, el espectador sienta compasión del personaje que ha ejecutado tamaña barbarie. Y es que la trama se desarrolla pausadamente para ahondar en un material dramático lleno de riqueza. Nos traslada a una sociedad en decadencia, nos presenta a unos personajes, profundiza en ellos y nos da a conocer sus almas torturadas y sus vidas marcadas por un denominador común: la ira.

Y en este punto es necesario hablar de los dos actores principales. El masculino, Peter Mullan, está soberbio. Ya solo por él merece la pena el visionado de esta cinta. Hace un papel magistral de ser amargado y lleno de violencia: sus gestos, su mirada, reflejan un dolor y una angustia desmesuradas. Al personaje femenino, Hanna, le da vida Olivia Colman, que encaja perfectamente en su papel de acérrima creyente, reflejando la cara de la falsa felicidad. Estos dos monstruos de la interpretación contribuyen decisivamente a dotar de mayor solidez a esta extraordinaria película.



Gran película, dura y áspera, que hará las delicias de todos los amantes del cine británico social más tremendista.









Joseph (Peter Mullan), un viudo alcohólico, violento y autodestructivo, encuentra una esperanza de redención en Hannah (Olivia Colman), una mujer muy religiosa a la que conoce a raíz de un altercado. Al principio Joseph se burla de su fe y da por supuesto que su vida de creyente debe de ser muy apacible, pero pronto descubre que, por el contrario, está llena de dolor y confusión. A medida que su relación se consolida, ambos se dan cuenta de que el amor y la amistad pueden encontrarse incluso en los lugares más oscuros.